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domingo, 4 de mayo de 2014

Breve carta a mi hijo Santiago.






Hoy es el día de la madre, y tú dentro de dos meses cumplirías 14 años.

 Si estuvieras aquí te diría que para mí fue una edad mágica, que disfruté mucho los 14 años, que empezamos a hacer la calle nuestra y descubrimos lo que era la amistad y la lealtad y la traición, las pandillas, las quedadas, los enamoramientos, las discusiones con los padres…supongo que la yaya también se acuerda de esos años. No hacía falta móviles, nos “buscábamos la vida”, y siempre la encontrábamos.

Esos años los viví con pasión, bueno, tengo la sensación de que todos los años de mi vida los he vivido con pasión, pero tengo un recuerdo muy especial de la época de los 14 a los 18.

Si estuvieras aquí te contaría muchas cosas, y supongo que pondrías cara de “que rollo” y no me harías mucho caso, como todos lo hemos hecho a esa edad cuando nuestras madres nos daban “la chapa”, como hace tu hermano cuando le suelto mis rollos.

Si estuvieras aquí sabría muchas cosas que no se, tu deporte favorito, tu música, tu carácter, tus manías. Sabría como suena tu voz. 

No dio tiempo de conocer, de conocernos, pero sí de sentir.

Pero no estás, y hoy, día de la madre, me acuerdo de ti, y de cómo gracias a ti me gradué como Madre en lo más hermoso y en lo más dramático que lleva consigo esa palabra.

Hoy me acuerdo de las madres que ya no tienen a sus hijos, y de cómo es este día para ellas, para nosotras, hoy las abrazo.

Tengo la manía de buscar siempre algo bueno en todo lo negativo, y no me suele costar mucho pasado el momento difícil, pero te juro que encontrar algo bueno en tu muerte fue un trabajo arduo.

Pasados estos catorce años, y después de la bendición de tu hermano, se que tú me hiciste más fuerte, y después de superarlo tengo la certeza de que podré con todo, porque no hay nada que desgarre más el alma que perder a un hijo.

Hoy que es el día de la madre, te dedico lo que soy y lo que seré.


PD. No me olvido que te debo el camino de Santiago. Tranquilo, lo haré.




jueves, 10 de abril de 2014

Ella quería




Cuando se lo encontró en su camino,
Ella quería que el Sol se quedara,
para subir a los árboles y espiar a los pájaros,
Para comer chocolate y tumbarse en la hierva
Para que las sombras no volvieran nunca.

Cuando se lo cruzó en su vida
Ella quería que el aire se quedara
Para enredarle el cabello y sacarle caracoles
Para hacerle cosquillas  y volar una cometa
Para que la niebla no volviera nunca.

Cuando llegó a su alma
Ella quería que el agua se quedara
Para salpicar su vida  y tirarse de bomba
Para pisar los charcos y morirse de risa
Para que la sed no volviera nunca.

Pero al sol le esperaba el horizonte para arrullarle en sus brazos
Y al aire le esperaban las velas para surcar muchos mares
Y al agua le esperaba el océano para salpicarse de espuma.


Y Ella dio gracias por los deseos, se secó la lágrima de la mejilla y continuó su camino.








lunes, 7 de abril de 2014

El viento trae sonidos.






A veces lo que necesita el corazón en el presente, viene del pasado.

A veces el viento trae sonidos, voces del recuerdo que abren una compuerta y por un momento permiten que el agua inunde la vida, agua fresca y dulce, que riega la tierra yerma y consigue hacerla germinar. La riada sorprende a la vida que se abre a su paso, feliz de que la inunden agua y sol.

El agua no se quedará, pero el corazón habrá reverdecido y la vida será más dulce.


A veces el viento trae sonidos, voces del recuerdo que abren una compuerta y levantan una polvareda de sentimientos en el alma, despeinan la risa que ya no sabe como trenzar su pelo, sueltan los cascabeles de la piel y la música llega a la sangre.

El aire no se quedará, pero el corazón cantará agradecido.


A veces el viento trae sonidos, voces del recuerdo que abren una compuerta y el sol calienta las entrañas permitiéndote recuperar las sensaciones  olvidadas y perdidas en el tiempo, entonces el calor te recuerda que sigues sintiendo.

El sol no se quedará, pero el corazón ya no tendrá frío. 










sábado, 5 de abril de 2014

Disposición



DISPOSICIÓN

















      El sol se retira lento, perezoso, dejando en su descenso colores nuevos, besos antiguos, sonrisas cálidas.

        El sol se retira lento, la tarde se despide y el corazón entra en un letargo de notas y acordes tristes.

        El alma no tiene donde apoyarse para recobrar fuerzas y seguir la lucha, busca a su alrededor, mirada atenta, esperando encontrar ese árbol ancestral que desde sus raíces vierta savia nueva, nueva energía, nueva esperanza, en sus venas raíces.

        La brisa suave me recuerda que estoy viva, y los últimos rayos del sol recorren mi piel con especial dulzura, caricia cálida, que acepto sumisa.

        Con esta disposición me siento a esperar el futuro, que llega caminando lento, incógnita breve en el horizonte de esta vida que me tocó vivir.


        Aquí estoy, dispuesta, calmada, abierta, sabiendo que sea lo que sea me hará crecer.

 






lunes, 24 de marzo de 2014



DE COLORES, PASTELES Y DUNCAN DHU


         Cuando yo era pequeña, en casa de mis padres,  teníamos el Salón!!! esa habitación que era la más elegante, la de las vitrinas llenas de copas, la de los sillones cómodos, la que solo se usaba cuando venían visitas.

         El Salón estaba al lado de la puerta de entrada, justo al otro lado de la casa, lejos  de la zona de vida, lejos de la cocina, lejos del cuarto de estar, lejos del ruido y del calor, lejos… después de un largo pasillo.

      No sé en qué momento decidí apropiarme de ese lugar desierto y aunque no se podía tocar nada,¡¡¡ era el Salón!!! yo me refugiaba en su silencio y lo llenaba de ruido.

      Primero fue con la guitarra. Era el mejor lugar para aprender sin molestar… y en ese momento se convertía en un local de ensayo o de grabación, y hasta mi hermana se animaba a pasar frío para hacer coros o tocar la pandereta.

      Pero cuando realmente el Salón se transformaba en mi cueva era cuando montaba el caballete, me ponía la bata y me sentaba en la banqueta…a pintar.

        Era todo un ritual. Colocar el papel en la tabla, sujetar el modelo con una pinza, abrir la caja de pasteles y….poner el disco de Duncan Dhu.

        Sí, Duncan Dhu, pero no cualquier disco de Duncan Dhu, no, siempre, pero siempre, era el disco “Autobiografía” un disco  que al principio no me gustaba nada.

     El truco era, que al no gustarme, no cantaba, la música estaba sin estar, pero curiosamente las melodías me permitían meterme dentro del papel, no pensar, solo sentir, solo pintar.

      Pintar con pasteles supone convertir los dedos en la paleta, en cada yema un color, difuminar y definir acariciando el papel, dejar tus huellas y tu ADN en la pintura para que al final el cuadro se quede en tu piel, y tu piel esté para siempre en el cuadro.

      Es bailar con los colores, crear una danza lenta y seguir el ritmo del corazón. Es tener la posibilidad de estar conmigo, solo conmigo, siendo y sintiendo. No hay mentira, es “Ser”.

     Hace unos meses cuando en el concierto de Duncan Dhu tocaron alguna canción de ese disco, me transportaron a ese Salón, a ese momento, a esas sensaciones…

       Lo que tienen la música y el olfato y que no tiene la vista, a pesar de que es el sentido que mas usamos, el que creemos que nos relaciona más con el mundo, es que cuando nos llega un recuerdo a través de un olor o de una canción suele ser como una explosión, como un viaje, como un retroceso o como un flash, suele ser tan real….


    Por eso la mezcla de pintura y música siempre me provoca  algo parecido a un viaje al centro de mí….creo que voy a tener que quitarle el polvo al Caballete y poner un disco.







miércoles, 19 de marzo de 2014

Pacha Mama...Madre Tierra.



El sol sale delante de mí, cegándome los ojos, abriéndome el alma.

La tierra está húmeda y a través de mis pies, sube toda la fuerza creadora del mundo.

La tierra es mi madre, mi hermana, mi amiga.

Mujer húmeda antes de engendrar, de dar a luz a sus hijos, a sus hijas, a los que desde el primer segundo de alumbramiento ya espera recoger en sus brazos.

El cielo se ahoga de azul, ni un hilo blanco rompe su armonía. Apenas los pájaros se atreven a bucear en ese lago, invertido, calmado, suave.

Ha estallado una estrella de verde brillante y ha sembrado el mundo de color,  donde mires la tierra está escandalosamente viva.

El viento se divierte meciendo en suave oleaje, árboles y pastos, a su antojo, con toda la libertad que le da no tener que rendir cuentas a nadie.

Y yo estoy en medio de todo, en medio de nada, extranjera y nativa de este mundo tierra.

Sintiéndome visitante y sabiéndome parte de esta casa.

Parte de tierra en mi carne

                        Centro de madera en mis huesos

                                   Resto de pasto en mis ojos

                                               Ríos de cielo en mis venas

                                                           Huracán de viento en mi garganta

                                                                       Y raíces nuevas mi pelo
                                            
                                                                                     Tierra, árbol, cielo…Sol.







martes, 18 de marzo de 2014

El hilo...la tierra.



…lo he notado esta mañana…

                Primero como un cosquilleo en mis raíces, luego como un arroyo,

                                           ahora es una corriente, inundándome por dentro.


                La sabia me sube a raudales y yo estiro mis ramas hacia el cielo para atrapar esos primeros rayos de Sol.

                Mis yemas se asoman verdes y tiernas, tímidas aún, y no soy la única que lo ha notado, otros  árboles están despertando, lo sé por qué todos estamos unidos a través de la tierra…


                …la tierra es el hilo que nos une.